lunes, 23 de octubre del 2017 Fecha
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Ciencia y Astronomía
Cuestiones de Física


Ahora sabemos a ciencia cierta que, en un día lejano aún en el futuro, de una u otra forma, nuestro universo tendrá un fin que estará determinado en función de la densidad crítica (lo que los cosmólogos llaman el Omega Negro o más sencillamente expresado, la cantidad de materia que el universo contiene).

Nosotros, habitantes de un insignificante planeta, la Tierra, que está supeditado a mantener la vida gracias a una estrella mediana, amarilla del tipo G2V, situada en la periferia en uno de los brazos espirales de una galaxia pertenciente al conocido como Grupo Local de galaxias que conforma una familia de 30, en la que destaca nuestra compañera Andrómeda situada a más de 2 millones de kilómetros-luz. El centro de la Vía Láctea, nuestra galaxia, está a más de 30.000 años-luz de nuestro Sol.

La Vía Láctea contiene 100.000 millones de estrellas, así que nuestro Sol, como hemos dicho antes, es sólo un insignificante individuo más en esa inmensidad de estrellas. Sin embargo, es verdad que cuando se formó el Sistema Solar, nuestro planeta, la Tierra, quedó situado a una distancia idónea del Sol, a una Unidad Astronómica (UA) equivalente a 150.000.000 kilómetros que nos permite recibir calor y luz que contribuye a la vida. De estar más cerca sería insoportable y más lejos el frío no permitiría la vida.

Como nuestra galaxia, en el universo existen miles de millones, y si la media es de cien mil millones de estrellas por cada una ¿que inmensidad de soles y planetas no habrá?

Pues bien, toda esa inmensidad de galaxias con sus estrellas, planetas, agujeros negros y demás objetos estelares, están expandiéndose continuamente desde hace ya unos 15.000 millones de años; ese primer momento que conocemos como Big Bang. En ese tiempo primero nació el tiempo y el espacio y, desde entonces, tanto el uno como el otro no dejan de crecer; van unidos como hermanos gemelos (el espacio-tiempo) con caminar inexorable hacia el futuro que, como he dicho antes, no sabemos a ciencia cierta que final tendrá.

Son muchos los que han teorizado y expuesto sus modelos de universo y, en tal sentido, Alexandre Friedman había encontrado una respuesta que es conocida como el Universo de Fridman; igualmente, otro modelo muy conocido es el denominado Universo Einstein-de Sitter, y así otros. Cada uno explica universos que pueden ser planos, abiertos o cerrados en función de la materia que contiene y, conforme a cada modelo, el final del universo se expandirá para siempre o finalizará en una enorme bola de fuego. Sin embargo, el final de todos es el mismo, la muerte por enormes temperaturas o por congelación a -273ºC, el cero absoluto.

Hablaremos más extensamente de ello en este mismo trabajo. Incluso los filósofos, como Beltran Russel y otros, se han preocupado por la inevitable muerte de nuestro universo y el poco sentido que entonces tendría nuestra presencia aquí. Han sentido la impotencia de saber y conocer el final irremediable de la humanidad que, incluso podría ser antes que el final del universo; no olvidemos que nuestro Sol, el que nos suministra la vida, también tiene fecha fija para su muerte, es larga en el tiempo, pero ahí está.

Pocas dudas podemos tener de que la humanidad está obligada a ir buscando la manera de escapar a esa primera amenaza; debe preparar el futuro y colonizar otros mundos que preserve ese momento en que, nuestro Sol, se convierta en una gigante roja y exploté como supernova. Antes de que eso ocurra, el aumento del diámetro solar, engullirá a Mercurio y a Venus quedando cerca de la Tierra y, para cuando eso suceda, las altas temperaturas habrán evaporado el agua de los mares y océanos de la Tierra. La vida, tal como la conocemos, no será posible. Cuando eso llegue, debemos estar muy lejos de aquí, en otra nueva Tierra que nos acoja.

Pero no adelantemos los acontecimientos; para eso faltan 4.000 millones de años, tiempo más que suficiente para que la humanidad pueda hallar las soluciones para burlar o esquivar el límite impuesto por la velocidad de la luz, ya que, sino es así, nunca podremos salir de nuestro propio sistema Solar, donde no existen planetas habitables similares a la Tierra. ¿Vida? Es posible que en alguna luna de Júpiter como Europa, por ejemplo, se pueda encontrar alguna forma de vida, incluso en el planeta Marte podría haber alguna forma de vida. Sin embargo, no serían lugares idóneos para nosotros. Los humanos necesitamos un hábitat parecido a nuestro planeta original y desde luego, cerca, en un diámetro de unos 15/20 años-luz; no parece que exista ninguno.

Así las cosas, nos veremos obligados a solventar complejos problemas, construir naves espaciales capaces de surcar los espacios estelares a velocidades ahora impensables y por medios que tampoco podemos ni imaginar. Pensemos que ahora, las naves espaciales tienen el límite de velocidad en 50/60 mil Kilómetros-hora, ¿qué tardaríamos en alcanzar planetas situados a 23 años-luz de la Tierra?.

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