jueves, 24 de agosto del 2017 Fecha
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Libretas



Personajes de la Ciencia.
Volumen 1


Lo único que tengo son mis pensamientos, mis ideas que comparto con los demás. Me siento infinitamente más rico que el que tiene mucho y no comparte nada. ¡Pobre hombre!

Alguien dijo que la belleza no está en el paisaje, sino en los ojos y el alma de quien lo mira. De la misma manera, no todos podemos ver las cosas con el mismo poder de profundizar en su realidad; algunos tienen más poder que otros para "ver" dónde reside la verdad de lo que a nuestro alrededor ocurre. Tenemos miles de ejemplos en la historia que nos confirma este hecho irrefutable.

La humanidad tiene contraída una deuda (impagable) con hombres y mujeres que con su intuición, con su genio, con su sacrificio y su trabajo, dejaron una herencia científica que nunca podremos saldar.

Todos "nuestros conocimientos" tienen sus raíces en lo que observamos, en lo que nos enseñaron en casa y en la escuela, el instituto o la universidad, todo ello, unido a la experiencia y al trabajo de cada uno de nosotros, nos dieron lo que sabemos hoy. Sin embargo, dichos conocimientos han sido posible que existan porque antes que nosotros muchos otros dejaron su impronta, sus ideas, y sus aprendizajes en escritos y libros, en trabajos y teorías que, cada uno en el campo correspondiente del conocimiento humano, las matemáticas, la física, la química, la biología, la astronomía y otros apartados del saber, nos fueron regalados.

De todo eso quiero tratar aquí; de esos personajes (los más destacados en las matemáticas, la física y la astronomía) que nos dieron su saber e hicieron posible que hoy estemos al nivel de conocimiento que hace posible operar un ojo con rayo láser, fotografiar una galaxia situada a miles de años luz de la Tierra o acelerar particular elementales o complejas a velocidades cercanas a la de la luz para desentrañar los componentes de la materia.

Nuestro cerebro es el "disco duro" más potente del universo. No sólo retiene datos y conocimientos que sabe utilizar y manejar en los momentos adecuados, sino que, al contrario que una máquina de inteligencia artificial, puede repentizar soluciones a problemas complejos e inesperados.

Es algo asombroso y que desde luego, a mí al menos, me da mucho que pensar. ¿Hasta dónde podemos llegar? Es difícil poner un límite. Hace un par de días, de pasada y sin haber prestado mucha atención (estaba escribiendo), he oído que un científico ha sido capaz de crear una bacteria artificial o algo así, lo cual, produce un poco de miedo.

¿Será posible crear vida artificial pensante a partir de la materia inerte? ¡Quién sabe!, aunque es peligroso jugar a ser Dios, las consecuencias pueden ser impredecibles y no precisamente positivas, en este terreno será mejor ir despacio y desde luego, ser muy prudentes.

No podemos olvidar que los humanos tenemos eso que llamamos alma, tenemos el poder de sentir, sentimientos que a veces nos hacen llorar de emoción, de pena e incluso de alegría. Lo que sentimos por nuestros hijos ¿lo podría sentir alguna vez un ser artificial?. Lo dudo.

Los humanos tenemos sentimientos (no siempre positivos) que, como la felicidad o la amargura, la risa o el dolor, la humildad o la egolatría, el odio, la envidia, la ambición desmedida e insana, el ser desprendido y protector y un sin fin de situaciones antagónicas y dispares que, precisamente, son las responsables de nuestra diversidad y riqueza. ¿Cómo podrían los seres artificiales sentir así?.

En una conferencia que dio el Profesor D. José Antonio Marina, aquí en Huelva, en la Casa Colón, en la que hablaba de la "Inteligencia y el miedo", le plantee la cuestión pendiente sobre el "proceso de humanización" que, según mi parecer, aún no había finalizado y, de momento, medio mundo está tratando de hacer la puñeta al otro medio.

Estuvo de acuerdo con mi diagnóstico en que aún nos queda un largo camino por recorrer hasta que, de verdad, nos podamos considerar HUMANOS con mayúscula. Queda mucho del animal irracional que llevamos dentro y que poco a poco, debemos expulsar de nuestro interior.

Bueno, como esta es sólo la presentación a esos personajes que hicieron de nosotros seres más racionales al dejarnos la herencia de sus conocimientos, dejo aquí dicha introducción para pasar sin más a lo que es el trabajo en sí, una serie de pequeñas biografías que desde Anaximandro, Aristóteles y Arquímedes, llegamos a Einstein (en el que me extiendo algo más al ser un profundo admirador de su obra) y, entre personaje y personaje, como es mi costumbre, están presentes mis comentarios sobre los temas diversos que dichos personajes trataron.

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